
Esos días yendo a casa, comiendo, y haciendo los deberes, solo pensaba en que es lo que iba a hacer después del bachillerato… Y tanto pensar, tanto pensar, se me encendió la bombilla, tenía que usar mi felicidad para ayudar a los demás. A quién de verdad lo necesitaba…
Así que decidí informarme sobre como podía hacerlo, aunque no creía que le fuera a hacer mucha gracia a mis padres, pero estaba segura de que era lo que debía hacer, y que me lo iban a reconocer…
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